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† Empezando el Reinado (Autoconclusivo)

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† Empezando el Reinado (Autoconclusivo)

Mensaje por Finrandi el Miér Ago 04, 2010 6:18 pm

- Debemos dar más poder al Consejo -

- ¡No! Primero hay que reestructurar la milicia -

- ¿Qué hay del pueblo? ¿Nadie piensa en el pueblo? ¡Mandemos escuadras de re-abastecimiento! -


- Eso sería bueno si el ejército estuviera reestructurado... -


Finrandi paseaba la mirada de un punto a otro, aterrizando la mirada en un viejo gruñón, para luego pasar a otro más gruñón y así sucesivamente, sintiéndose como chico entre discusión de adultos, queriendo musitar algunas palabras que sus labios solamente comenzaban a pronunciar para luego callarse ante el reclamo de otro sujeto. Finalmente desistió y suspiró, todos tenían la cabeza caliente y lo que había iniciado como un concilio, terminaba en pelea de taberna, solamente esperaba ver volando sillas y tarros de cerveza en cualquier momento. Descansó la mano derecha sobre el noble roble de la madera y tamborileó los dedos al compás de la discusión mientras continuaba observando la escena, mientras que descansaba el codo contrario sobre el brazo de la silla, relajando su postura para verse totalmente despreocupado y ajeno a aquél asunto. Cerró los ojos y comenzó a cabecear, murmurando palabras inaudibles para finalmente, con todo el porte de un rey, caer de cara sobre la mesa, provocando un estruendoso ruido que hacía pensar en lo doloroso de aquéllo, sin mencionar la vergüenza. Todos guardaron silencio abruptamente y lo observaron, dejando que los pensamientos abatieran sus mentes, pensamientos negativos con respecto a ese rey que habían traído como sin nada y al cual les costaba aceptar, sobretodo con esa conducta tan impropia. El silencio reinó, incluso una ráfaga de viento se coló por un ventanal abierto y movió las caras ropas de los presentes

- ¡Bien! Ya tengo su atención, así que... -
se había repuesto como sin nada, aunque tenía la marca enrojecida de la madera en la frente, hizo la silla hacia atrás y se paró sobre la mesa, carraspeando para aclararse la garganta y así hablar en voz alta - En primer lugar, creo que al que coronaron fue a mi, no a alguno de ustedes, así que eso me hace el rey y normalmente el rey es el que toma las decisiones. Si, si, hicieron su trabajo en cuánto pudieron, nadie los culpa de que el rey anterior quisiera tomarse unas vacaciones sin avisar a nadie, pero... - pintó una sonrisa zocarrona en el rostro, observando los planos y las figurillas que se habían apropiado de la mesa, para patearlos lejos ante la incredulidad y desconcierto de los presentes - Necesitamos ver cómo está la situación en Hokkan primero, y eso no se logra sentándonos a ver quién grita más fuerte en esta sala tan cómoda ¿eh? ¿Díganme cuándo fue la última vez que caminaron entre las calles como cíviles? ¿cuándo vieron la necesidad real del pueblo? eso voy a hacer yo, y deténgame el que tenga rango más alto que yo ¡ah! pero no pueden, porque no hay rango más título que el rey... bueno, no en este plano al menos. Así que dejen las estrategias y planes para la guerra, primero quiero conocer a mi gente y esas cosas que dicen los soberanos. Siempre quize decir eso, ja, ja, ja... ejem, ya, ya, no es para tanto, no me vean así -


Se bajó de la mesa de un salto, haciendo trizas la figurilla de uno de los generales, la observó y lo reconoció de inmediato, rascándose la cabeza y arqueando una ceja mientras pensaba si aquéllo sería un mal augurio y el pobre general sufriría una muerte terrible. No era momento para eso, necesitaba ayuda y la necesitaba ¡ahora! y no podía pedir ayuda a un montón de vejetes en los que no confiaba, y sabía que no les agradaba. No los culpaba, veían por lo mejor del reino a su manera y seguramente el no figuraba entre los tradicional de los linajes reales, reyes barbones y sabios y demás. Se encaminó a la ventana y se quedó serio, pensativo, dejando que el aire y la vista que el palacio ofrecía descansaran su joven mente, para pensar claramente y resolver ese concilio de una manera donde los nobles y generales no quisieran acribillarlo. Se le ocurrió algo, pero no le iba a compartir su plan maestro a nadie, así que decidió simplemente tomar acción mientras una sonrisa picarona se posaba en su rostro.

Finrandi

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