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Buscando la verdad - Saqueando tumbas (Autoconclusivo)

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Buscando la verdad - Saqueando tumbas (Autoconclusivo)

Mensaje por Leon Yasser el Vie Jun 08, 2012 8:09 pm

Era una noche oscura, una de las más oscuras y frías que había vivido de momento en Kutou. Esa noche era la noche, no había tiempo que perder, todo era perfecto, una noche de luna llena y sin tantos guardias, donde su ser podía ser camuflado fácilmente entre las tinieblas y pasar desapercibidos. Ese día y esa hora era la indicada para saber de una vez por toda la verdad que había oculta en Kutou, en la reina de Kutou y su ascendencia.

Era hora de buscar lo que había querido obtener desde que había llegado a Kutou, una nueva arma… O mejor dicho, el secreto de su construcción, según sus fuentes esa arma tan poderosa, la más poderosa de Kutou y la más rara. Hacía siglos no habían visto los ciudadanos un arma tal como esa, es más, la última vez vista fue durante el mandato del viejo rey de Kutou, el cual había muerto con el secreto y se había dejado totalmente de hablar del tema.

Aquella vieja arma era pasada de generación en generación y guardaba su secreto, el secreto de la familia imperial… No sabía mucho al respecto solo que era un as debajo de la manga muy importante, el cual la reina de Kutou desconocía ya que su padre nunca se lo había mencionado. O al menos ella le había dicho eso en una de sus tantas conversaciones por cartas, es más, negaba su existencia en parte.

Hace más de doscientos años en Kutou esta arma había sido capaz de parar diversas invasiones solo por un hombre, era un arma tan poderosa que casi era descripto como una fuerza divina por la gente que la veía. Muchas veces se preguntó que aspecto tendría esa arma, pero él no lo sabía con certeza, solo sabía pocas cosas de aquella arma entre ellas que solo podía ser portada por alguien que tenga sangre de la familia Tsujimura en sus venas ya que era la única forma de desatar su verdadero poder.

Otra de las cosas que sabía era que aquella arma le permitía a alguien ser casi como el dios guardián de Kutou, Seiryu, por eso era tan importante para la gente de Kutou, no solo por su poder, sino porque las personas podían sentir la presencia de Seiryu en aquella arma. Muchos dicen que esto se debe a que fue hecha con una de las garras del legendario dragón y otros simplemente creían que era por simple magia negra.

Nunca supo con certeza que tanto de eso era verdad, pero ese era el día de averiguarlo. Había estado planeando esto durante mucho tiempo y era su última carta para hacer que Etsuko se quedara con él en Kounan por un tiempo. Era la última opción para provocar que Etsuko atrasara su boda y le diera tiempo a él para convencerle que no lo hiciera.

Inspeccionó su reloj, las doce en punto, era hora del espectáculo. Sin mucho meditar ni dudar corrió hacia el subsuelo golpeando a dos de los guardias en la boca del estómago que rápidamente cayeron al suelo inconscientes. No era propio de él semejante daño pero no tenía opciones, caminó sigilosamente varias escaleras abajo en búsqueda de lo que buscaba, la vieja tumba de los antiguos reyes, una vieja banshee y un antiguo dragón. Aunque tenía que destacar que era una rara mezcla para Etsuko, tener sangre de dragón y de banshee en sus venas, lamentablemente ella nunca pudo despertar su parte dragonina por lo que terminó solo siendo una banshee que causó terror en todo suelo que pisó.

Abrió lentamente las tumbas de piedra, en la primera había una señora que aparentaba tener un par de años más que Etsuko, pero que era idéntica a ella, solo con la diferencia del pelo que era totalmente rojizo. Se notaba que la hija había heredado la belleza de su madre, aunque no así su temperamento tranquilo y pacífico del cual había escuchado hablar millones de veces en el castillo Panóptico. Su rostro era tranquilo, como si estuviera durmiendo, mientras que sus manos estaban cruzadas por sobre su pecho. Pero había algo, ese algo que estaba buscando, entre sus manos había un fino pergamino enrollado, incluso tenía en las puntas un fino hilo hecho de seda y oro y en el papel estaba el sello real, eso era lo que había ido a buscar esa noche. Lo tomó con cuidado y dejó la tumba como estaba antes a excepción del viejo pergamino que se lo guardó en el bolsillo.

Abrió la siguiente tumba, era de aquel hombre que Etsuko había heredado solo su altura y temperamento tan fuerte y la verdad… Se notaba. Era un hombre alto, serían unos dos metros y robusto, tenía un aspecto de ser fuerte incluso estricto y sabía que así lo era. Aquel hombre estaba en la misma posición que su esposa, pero se lo veía más avejentado que ella, e notaba que los años no habían sido buenos para él.

Tomó entre sus manos el segundo pergamino y dejó la segunda tumba como debía ser. Miró por muy sobre los textos a ver que decían, su sorpresa fue muy grande al descubrir que en realidad lo que buscaba no solo era un arma, sino un kit de combate capaz de reflejar los sentimientos de usuario. Había más cosas que eran de su interés, pero después lo vería con más detenimiento y le diría bien a Etsuko, hasta entonces esos pergaminos tenían que huir con él en medio de la noche.
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