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Manifiesto de un Rey ignoto. [Autoconclusivo]

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Mensaje por Gabriel Magnus Sáb Mayo 12, 2012 2:47 am

La calma era algo necesario para cualquiera que intentara poner orden al caos, por lo que seria algo completamente increíble que yo, Rey de Hokkan, se sumiera en algo tan bochornoso como lo podría ser la desesperación. Jamás, ni en la peor de las batallas, con todas las posibilidades en mi contra la había perdido. Quizás dude un poco durante ellas, pero la duda era siempre aniquilada junto a la decisión que mi corazón creaba, y posteriormente, con ella, caía mi enemigo. Esa era quizás una de las características que mas me podían distinguir, la paciencia con que solía tratar las cosas. Mi mirada gélida solo es un mero reflejo de lo que en realidad es mi mente, y esa construcción en la cual me he visto obligado por ser un psíquico. Por mi don, los sentimientos en si mismos podían ser peligrosos, y la desesperación, algo completamente letal. La oleada de energía que recorre mi mente no es solo mía, sino también de todos esos aliados a los cuales tengo bajo mi tutela. Miembros de la Asociación de Magos, orden militar de Hokkan y encargados exclusivos del bienestar de todos sus ciudadanos. Quizás fue una suerte que en estas últimas épocas, muchos de nuestros soldados se hubieran dado de baja, trayéndole un provisional alivio a mi mente, pero no algo muy practico a la larga. ¿Las razones de su renuncia? Sabotaje interno o simplemente no están de acuerdo con las medidas que he decidido tomar para resguardar el Reino de aquella especie que normalmente es subestimada por la mayoría de las criaturas fantásticas que encierra este mundo. No, no es que subestime el poder de los humanos, que han sabido manejar la magia y ponerla a su disposición como ningún otro, así también como explotar los limites de su inteligencia creando tecnología que hacen que desventajas naturales sean solo problema del pasado. No toda la población ha estado muy contenta con el cierre de las fronteras, así tampoco como el cierre de las iglesias. Manifestarme de nuevo seria fútil. Las fronteras fueron cerradas para protegernos de cualquier ente externo que pudiera ser una potencial amenaza, mas aun así, no quiero proyectar una imagen de xenofobia. Entre mis tropas, irónicamente, son no humanos a quienes más confianza resguardo. Un unicornio, y una híbrida de Kitsune y Demonio. La primera definitivamente una promesa al tiempo y un ser mas pura que la segunda. La segunda, un hibrido de especies que en ningún lugar son de fiar tanto por su picardía tramposa como por su malignidad, pero rescato mas su primer rasgo que el segundo, pues creatividad es lo que siempre se ha de necesitar. En ese punto también lo he de considerar, ambas féminas, y no por eso he puesto objeción alguna. Se han presentado a mí con deseos de ayudar a una nación cual no les corresponde, y yo he aceptado con buena voluntad sus anhelos. En cuanto a la situación con la iglesia, ya tome la oportunidad de hablar con su representante, que ahora también recuerdo, es mi médico y el de la Asociación… Este se ha mostrado indignado, diciendo que le he quitado la esperanza al pueblo. No, la esperanza no se quita por cerrar un templo, la esperanza se la arranca del corazón, cuando uno tiene el pecho abierto, y vislumbra al Señor de la Decadencia en frente de si. Gastar los valiosos fondos, de los impuestos de los habitantes de Hokkan en algo tan estrafalario como es la mantención de una Iglesia es innecesario. He preferido invertir a los mismos en educación, y en las mejoras de los servicios de salud. Tengo el gusto de decir que en esta nación que el impredecible destino ha puesto en mis manos, la pobreza no existe, como así tampoco la figura del poderoso increíblemente adinerado.

-Pero aun así dudan…- Murmure, mientras que soy asistido por mi pupila en mi brazo. He sufrido una herida monstruosa tras una batalla, pero poco me importa pues mis pensamientos son embargados por otras cuestiones, cuando ella me ha comentado las últimas noticias del mundo. Si, debo de admitir que poco me ha importado la toma de Cristal por parte de Kounan. No considere necesario preocuparse por una porción de tierra destruida, que a pesar de contar con hasta ese momento, una de las milicias mas imponentes de Xion, se entregaron sin resistencia a la nación de los demonios. ¿Qué más podían perder en batalla, si ni habitantes tenían y sus paredes estaban destruidas? A lo mejor no le di importancia, porque tampoco actualmente tenemos una relación económica, es mas. No tenemos nada. Podría ser un poco optimista al menos a sabiendas que la intervención de los corruptos seres del norte, han puesto en marcha la remodelación de la ciudad, pero tampoco me importa en realidad. Lo que si me ha llamado la atención, y de sobremanera, fue la renuncia publica del Rey Shamtul, manifestando que lo hacia porque sus ciudadanos no valían la pena de ser gobernados. ¿Tan tramposos llegan a ser esas criaturas, que ni siquiera a su rey lograban darle aprecios? ¿Sabotaje interno, amenazas aun en la prosperidad? Es algo que definitivamente logra arrancarme una ligera sonrisa, aunque más que nada irónica. Ahora también me he enterado, que la tirana de Kutou ha cedido su puesto a una mujer desconocida en un lapso indeterminado. ¿Acaso Xion estaba sumiéndose en una crisis política en todas sus naciones? Anarquía en Kounan, poder acéfalo en Cristal, un gobierno “nuevo” en Kutou, y… Sairou, como siempre en paz, aunque seguramente esa tranquilidad le esta costando demasiado trabajo.

Y ahora el mismo pueblo del Reino donde las planicies se vuelven en un infinito dorado, me pide explicaciones. Están inquietos, tienen dudas respecto a que pienso sobre todo esto. Pareciera que las revoluciones y el agite externo, los hace esperar lo mismo en las tierras donde sus hogares están edificados y su familia vive. No puedo culparlos, considerando lo sufrido que ha sido este pueblo, y particularmente la raza que lo hace. Mas sin embargo, no faltan los confabuladores que intentan tomar mi calma y pintarla como un mal presagio. La calma antes de la tormenta no se aplica en este Reino, porque la lluvia siempre llega oportuna para nutrir a sus campos, y alimentar a quienes lo cosechan.

-Escúchenme bien.- Llame la atención, mientras me ponía en pie, sin importar que mi brazo no estuviera bien vendado, y mi herida se complicara un poco más. –Entiendo que nuestro pueblo tenga dudas. Hokkan ha sido golpeada una y otra vez, no solo por entes externos, sino también por la misma negligencia de sus anteriores gobernantes. Mas no por esto, deben de temer lo peor.- Anuncie, callando a un concejal que se encontraba presente y pretendía tomar la palabra, aunque no con buenos ánimos. –Hokkan estos últimos tiempos no puede negar ciertas cosas. En primer lugar, que las instituciones publicas más necesarias han mejorado de una manera indiscutible. Que los índices de delincuencia se encuentran prácticamente nulos. Que no hay un vago muerto de hambre por las calles, y que finalmente, ningún Reino ha reclamado con hostilidad la frontera mágica que se ha decidido establecer.- Dije, mientras tomaba asiento de nuevo. No sentía debilidad, pero mi brazo comenzó a doler de nuevo. Aun no era el tiempo para poder moverlo con libertad, o sin que unas vendas me sirvieran de apoyo. En ese mismo instante, mi pupila empezó a darme las curaciones que había decidido arrastras a la Sala de Reuniones para no perder tiempo. –Si todavía alguien duda de esto, pues deberá buscar un mejor cuestionamiento ante cual presentarme. Si la gente de Hokkan aun se pregunta donde se para en este momento, díganles que solo en la Nación mas estable del continente. Que no deben temer por la sombra de alguna guerra, y que de llegar a ser así, no por nada demostraremos que desde estas tierras surgieron los mejores hechiceros que los mortales y los Dioses supieron apreciar. – Concluí, mientras miraba al resto expectante por alguna contestación. En su silencio se observaban entre ellos, con rostros no quizás asustados, pero si abnegados a la verdad que acababa de tirar sobre sus narices. Se levantaron finalmente, sin poder rechistar nada, mas algunos que comentaban que estaban de acuerdo a lo que expusé. No hubiera descartado la posibilidad de que esperaban que manifestara de manera pública, de que intentara establecer alguna alianza con Sairou, que al fin y al cabo es el único Reino con el que tenemos buenas relaciones. Pero no siento que Hokkan tenga esa real necesidad de mandar a mostrarme al mundo. La diplomacia debía darse en el momento adecuado, y este momento no era. Ir a hacer visitas dominicales en pos de crear una mejor alianza, solo lo consideraba como un burdo exhibicionismo de costumbres políticas. Político que en realidad, no soy.

No me siento como un Rey. Soy solo un habitante mas que se dispuso a darle calma a un pueblo acechado por la desazón.

Gabriel Magnus
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